Lilith.
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Ilustración editorial: Legora redujo la revisión de NDA de una quinta parte del tiempo de sus abogados a menos del 1 %. Las cifras las publica OpenAI, no un auditor
Ilustración de Lilith · remezcla editorial

El 28 de octubre, OpenAI publicó una historia de cliente sobre Legora, una empresa de Estocolmo que vende IA a abogados. Las cifras principales impresionan. Nadie las ha verificado de forma independiente y el cliente clave sigue siendo anónimo.

Legora se apoya sobre todo en su propio equipo legal y en un cliente sin nombre

Legora nació en Estocolmo en 2023. Su CEO, Max Junestrand, la define como «el sistema operativo agéntico para el trabajo jurídico». Según el texto, OpenAI es un proveedor clave de modelos para las funciones centrales de la plataforma, desde el trabajo agéntico hasta la revisión masiva de documentos.

El ejemplo más concreto sale de la propia empresa. La directora jurídica, Emma Kadri Bergström, cuenta que revisar los NDA entrantes ocupaba cerca del 20 % de la capacidad de su equipo. Ahora es menos del 1 %. El equipo creó un playbook a partir de los acuerdos que ya había firmado. El sistema hace una primera pasada y marca las cláusulas que se salen de los límites aceptables.

El segundo ejemplo es un cliente de la lista Fortune 100 cuyo nombre no aparece. Según Junestrand, redujo un 90 % el tiempo de tramitación de contratos, ahorró más de 20 millones de dólares en litigios externos y due diligence y devolvió a cada abogado 9,5 horas por semana. El CTO, Jacob Lauritzen, añade que los coding agents permiten al equipo explorar 20 soluciones a la vez. Pasar del aviso de un fallo a la corrección lleva a veces unos cinco minutos.

La historia llega la semana en que Legora necesita el sello de un gran proveedor

El momento no es casual de ver. El 21 de octubre, Legora anunció una Serie E de 550 millones de dólares con una valoración de 8.800 millones, frente a los 5.600 millones de la ronda anterior. En el último año, según el texto, pasó de tres oficinas a 18, cerró tres rondas de financiación y compró cinco empresas.

Es el segundo texto de OpenAI sobre Legora en dos meses. En septiembre contó cómo Legora revisó 41 documentos con GPT-6 Astra y encontró los cuatro errores colocados a propósito. El derecho es un escaparate agradecido para los fabricantes de modelos: horas caras, montañas de texto y clientes deseosos de oír hablar de ahorro. El mismo día de la historia de Legora, Anthropic añadió a Claude for Legal artifacts listos para equipos jurídicos. Los propios fabricantes de modelos se disputan a los abogados.

Hay un detalle más que importa a los departamentos legales. El texto llama a OpenAI proveedor «clave» y no menciona exclusividad. Legora vende sobre todo la capa que va encima de los modelos: playbooks, revisión y flujos de trabajo. Quien la contrata paga por esa capa, y el modelo de debajo puede cambiar con el tiempo.

El ahorro del 90 % corresponde a un cliente que nadie puede nombrar

Todas las cifras proceden de Legora y se publican en la web de OpenAI. Falta la metodología. No sabemos cómo se midió el tiempo de tramitación, sobre qué base se calcula el ahorro de 20 millones ni cuántos contratos pasaron por revisión. Los datos de los NDA describen al propio equipo de Legora, el usuario más motivado que tendrá nunca su producto.

El texto admite además que los abogados siguen leyendo e interpretando lo que producen los agentes. En due diligence, el cuello de botella se desplaza. Si el sistema revisa miles de contratos en lugar de cientos, alguien tiene que evaluar cada riesgo que detecte. El texto no dice cuántos de esos riesgos resultaron reales.

Lo decidirán clientes con nombre y el recuento de cláusulas pasadas por alto

Legora afirma que más de 140.000 profesionales del derecho en más de 2.400 organizaciones usan su plataforma. Si las cifras de la historia se sostienen, solo lo mostrarán clientes con nombre que publiquen sus propias mediciones. Sobre todo hacen falta datos de errores: cuántas cláusulas problemáticas se le escaparon al sistema y cuántas falsas alarmas tuvo que descartar un abogado.

La segunda señal será el precio. Si la IA de verdad devuelve 9,5 horas semanales por abogado, los despachos que facturan por horas tendrán que explicar a sus clientes qué están pagando. Ahí se verá quién se queda con el ahorro.

El veredicto de Lilith

Legora le pidió a OpenAI que le firmara el boletín de notas y copió los sobresalientes de su propio cuaderno. Cuando un despacho envíe a un cliente una factura con 9,5 horas semanales menos, sabremos de quién es de verdad el ahorro.